Hay conciertos que se escuchan y conciertos que se viven. Y luego están esos otros que parecen ocurrir en un lugar intermedio entre la tradición y el sueño, entre la fiesta popular y el espectáculo escénico. La noche de Rodrigo Cuevas en La Carbonería del Tierno Galván perteneció claramente a esa categoría. El nuevo ciclo madrileño recibía una de las propuestas más singulares del panorama nacional y, desde el primer minuto, quedó claro que aquello no iba a ser una simple suce