Crónica: The Kooks emocionan a Madrid con un concierto inolvidable en una Riviera abarrotada
- Stanza Musical

- 10 mar
- 4 Min. de lectura

Fotos: Stanza Musical - Carol Mejías
La noche del 4 de marzo tenía algo especial incluso antes de que empezara. En los alrededores de Sala La Riviera, junto al río Manzanares, se respiraba ese ambiente previo que solo generan los conciertos que llevan semanas colgando el cartel de sold out. Grupos de amigos repasando canciones, camisetas de giras pasadas y una sensación compartida: The Kooks regresaban a Madrid y nadie quería perdérselo.
Cuando las luces finalmente se apagaron y las primeras guitarras empezaron a sonar, el rugido del público confirmó que la espera había merecido la pena.
La banda liderada por Luke Pritchard apareció entre aplausos y arrancó la noche con “Sofa Song”, una elección perfecta para empezar a encender motores. Desde los primeros compases el público se volcó, cantando los coros con una naturalidad que solo ocurre cuando una banda lleva años formando parte de la banda sonora de miles de vidas.
Sin dejar que la energía cayera, enlazaron rápidamente con “Always Where I Need to Be”. Las guitarras afiladas y el ritmo acelerado transformaron la pista de La Riviera en un pequeño mar de saltos y brazos en alto. Era evidente que Madrid estaba dispuesto a acompañar a la banda en cada segundo del viaje.
El primer gran estallido de nostalgia llegó con “Eddie’s Gun”, que sonó cruda y vibrante, como si el tiempo no hubiera pasado desde los primeros años de la banda. Luke se movía de un lado a otro del escenario con esa mezcla de actitud relajada y carisma natural que siempre ha caracterizado a la banda británica.
La atmósfera cambió ligeramente con “Stormy Weather”, que aportó un tono más envolvente al set. Las luces bañaban el escenario en tonos suaves mientras el público se dejaba llevar por el ritmo.
Y entonces llegó uno de esos momentos que confirman el peso que tiene un tema en la historia de un grupo: “She Moves in Her Own Way”. Bastó el primer acorde para que la sala entera reaccionara. La Riviera se convirtió en un coro gigante que cantaba cada palabra con una sonrisa cómplice.
Fotos: Stanza Musical - Carol Mejías
El ritmo volvió a acelerarse con “Bad Habit”, que desató uno de los pogos más divertidos de la noche. “Westside” mantuvo esa energía, con Luke interactuando con el público y agradeciendo el cariño recibido desde el primer minuto.
El concierto siguió avanzando con “Sweet Emotion”, que aportó un aire más fresco y juguetón al set, antes de dar paso a “Sunny Baby”, uno de los temas más recientes que el público recibió con entusiasmo, demostrando que el nuevo material también ha encontrado su lugar entre los fans.
La nostalgia volvió a escena con “Junk of the Heart (Happy)”, que convirtió la sala en una auténtica fiesta colectiva.
Pero el momento más especial de la noche llegó con “See Me Now”.Luke se sentó al piano y explicó brevemente la importancia de la canción. La interpretó con una sensibilidad enorme, dedicándola a su padre, fallecido recientemente. La sala quedó en un silencio casi reverencial mientras la voz del cantante flotaba sobre el piano. Fue, sin duda, el instante más emotivo del concierto.
Tras ese momento tan emotivo, “Seaside” llegó como una pequeña caricia. Interpretada con sensibilidad, permitió que el público acompañara suavemente cada verso.
El ritmo volvió a crecer con “Sway”, que devolvió las guitarras al primer plano y preparó el terreno para el gran final.
Y qué final. “Do You Wanna” y “You Don't Love” Me dieron por terminado el concierto o eso creíamos, porque tras una larga ovación y petición del publico de un "Otra" la banda salto de nuevo al escenario.
Primero sonó “Ooh La”, y La Riviera estalló. El público cantaba tan fuerte que por momentos la voz de Luke quedaba completamente eclipsada por miles de gargantas coreando al unísono.
Pero el cierre definitivo llegó con “Naive”. El himno. Desde el primer acorde, la sala entera tomó el control de la canción. Nadie quería que terminara. Las voces del público se mezclaban con la banda creando un momento casi mágico en el que parecía que el tiempo se detenía unos minutos.
Cuando las últimas notas se desvanecieron, quedó esa sensación que solo dejan los grandes conciertos: la de haber vivido algo irrepetible.

Fotos: Stanza Musical - Carol Mejías
El paso de The Kooks por Madrid fue mucho más que una parada en una gira. Fue un reencuentro entre banda y público, entre canciones que han marcado años y personas que las han hecho suyas.
Una noche de guitarras, nostalgia, emoción y comunión colectiva en una sala entregada.
Y, por supuesto, gracias a Live Nation, por seguir haciendo posible que conciertos así lleguen hasta nosotros y también hasta quienes no pudieron estar allí, acercando la música en directo a cada rincón.
Porque si algo quedó claro el 4 de marzo en La Riviera es que hay canciones que nunca envejecen…y hay noches que se quedan para siempre.







