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Crónica: Mercedes Cañas conquista La Riviera de Madrid en una noche mágica

  • Foto del escritor: Stanza Musical
    Stanza Musical
  • hace 3 días
  • 3 Min. de lectura

La noche del 10 de abril en la sala La Riviera de Madrid tuvo algo de celebración íntima, de esas que no se olvidan aunque pasen los años. Mercedes Cañas pisaba por primera vez ese escenario, y lo hacía con la emoción a flor de piel, como ella misma confesó entre sonrisas y nervios: se sentía como si estuviera adelantando su cumpleaños, a tan solo cuatro días de soplar las velas. Y así se vivió: como una fiesta compartida, cercana y profundamente sincera.


Desde los primeros acordes de “Tercero A”, quedó claro que no iba a ser un concierto cualquiera. Le siguieron “Señales de humo” y “8 que 80”, marcando el pulso de una noche que se movía entre la energía contenida y la emoción abierta en canal. La sala, llena y expectante, acompañaba cada palabra, cada silencio, como si cada canción perteneciera también a quienes la escuchaban.


Pero si hubo un instante que desbordó ternura fue cuando, casi de forma espontánea, el público comenzó a entonar el “cumpleaños feliz”. La sala entera se volcó en ese gesto, regalándole a Mercedes un momento tan inesperado como emotivo. Ella, visiblemente emocionada, sonreía mientras escuchaba a cientos de voces celebrarla antes de tiempo, como si ese escenario se hubiera convertido por unos minutos en el salón de su propia casa.


Fotos: Stanza Musical - Bianca Petrisor



Otro de los momentos más especiales llegó cuando el concierto se recogió en un formato acústico. Con la delicadeza que la caracteriza, Mercedes interpretó “Te veía por todas partes”, confesando que es la canción más triste de su álbum. Y entonces ocurrió algo mágico: La Riviera quedó en absoluto silencio. No un silencio incómodo, sino uno cargado de respeto y emoción, donde cada verso parecía suspender el tiempo.


La noche también estuvo marcada por la complicidad. Andrés Koi se unió a ella para cantar “Brecha”, regalando un instante de conexión vibrante, y a continuación Conchita apareció en el escenario para interpretar “Aguamarina”, en un encuentro que se sintió cálido, natural y profundamente bonito. Dos momentos que elevaron aún más una noche ya de por sí especial.


Fotos: Stanza Musical - Bianca Petrisor



En el bis, Mercedes regresó sola, con su guitarra, despojando el escenario de todo artificio para quedarse únicamente con la esencia. “Inédita” sonó como un susurro compartido, como un secreto entre artista y público. Y así, casi sin darnos cuenta, el concierto fue llegando a su cierre con “Como diciembre a enero” y, finalmente, “No quiero fluir”, la más esperada, coreada con una entrega del publico que ponía la piel de gallina.


Fue una noche de emociones honestas, de canciones que abrazan y de una artista que, en su primera Riviera, logró que todo encajara con una naturalidad conmovedora.


Y en medio de todo esto, es justo detenerse a agradecer a Bee Week por seguir apostando por la música en directo, por crear espacios donde ocurren noches como esta, donde artistas y público se encuentran desde lo más auténtico. Iniciativas así no solo construyen cultura, sino también recuerdos imborrables.

Porque hay conciertos que se escuchan… y otros que se sienten. Y este, sin duda, fue de los segundos. Algo nos dice que Mercedes Cañas volverá a pisar La Riviera, y lo hará aún más alto para seguir escribiendo noches inolvidables.


Fotos: Stanza Musical - Bianca Petrisor
Fotos: Stanza Musical - Bianca Petrisor


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