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Crónica: Hens eleva La Riviera con un directo tan honesto como inolvidable

  • Foto del escritor: Stanza Musical
    Stanza Musical
  • hace 23 horas
  • 3 Min. de lectura

El domingo 19 de abril, Sala La Riviera se convirtió en algo más que una sala de conciertos: fue refugio, celebración y desahogo colectivo. El “sold out” no era solo un cartel colgado en la puerta, era una promesa cumplida. Y Hens salió a confirmarlo desde el primer segundo.


Arrancó con El que no sabe estar con nadie y Temporada 3, Episodio 1, y en cuestión de minutos ya no había distancia entre escenario y público. Todo era uno. Con la tercera canción llegó el primer estallido de la noche, ese momento en el que todo se desborda sin previo aviso. Pole. apareció sobre el escenario para cantar Batmovil, y lo que ocurrió fue pura electricidad. La sala La Riviera se vino abajo en un segundo: un grito colectivo, casi instintivo, que dio paso a saltos, manos en el aire y una energía imposible de contener.

A partir de ahí, el concierto fluyó como una conversación sincera.

Hensito, No me odio tanto y Una mudanza convivieron con esa naturalidad que solo tienen los temas que ya forman parte de la vida de quien los escucha. Luego llegaron Tu historia y la mía, De nuevo y Cuando te conocí, y el ambiente se volvió más íntimo, como si cada persona estuviera recordando algo propio.


Fotos: Stanza Musical - @Andrea Rocha


Pero si hubo algo que elevó la noche desde el principio fue el sonido: limpio, equilibrado, y cuidado al detalle. La batería latía como un corazón que envolvía cada nota del bajo, marcando el pulso de algo vivo. Las guitarras y los teclados no solo se entendían, se buscaban, se respondían, se elevaban juntos. Y por encima de todo, la voz de Hens flotaba limpia, brillante, atravesándolo todo hasta erizar la piel. Aquello no era simplemente música en directo: era la confirmación de un camino recorrido con verdad, de un proyecto que ha crecido con identidad y de una banda que siente cada acorde como si le fuera la vida en ello.


Fotos: Stanza Musical - @Andrea Rocha
Fotos: Stanza Musical - @Andrea Rocha

La noche siguió sumando momentos y canciones que no podían faltar: Canalla, Si fuera necesario, Si te vas, Duermo y no descanso. Y entonces, cuando parecía que la noche ya no podía guardar más giros, llegó otra sorpresa que desató la locura. Walls apareció sobre el escenario casi sin previo aviso, y el rugido del público fue inmediato, de esos que nacen desde dentro y te atraviesan el pecho. Los primeros acordes de Tan vacío empezaron a sonar y, en cuestión de segundos, la sala entera ya estaba entregada, cantando cada palabra como si fuera propia. Se miraban, se reían, se acompañaban en cada verso como si llevaran toda la vida compartiendo escenario. Después llegó Me encanta, y la energía terminó de explotar.

Poco después, Xavibo apareció para Menos mal, añadiendo otra capa de emoción a una noche que no dejaba de crecer.


Entre tema y tema, Hens dejó ver su esencia sin filtros: cercano, espontáneo, tal cual es.

Hubo un momento especialmente bonito cuando presentó a su banda, con respeto y cariño, consciente de que lo que está pasando ahí arriba también es gracias a ellos.

El final se acercaba, pero nadie quería asumirlo. Soy un capullo, Tu carita y Dos días al mes prepararon el terreno para un cierre que fue puro vértigo emocional. Días de mierda llegó como un golpe honesto, casi catártico, de esos que remueven por dentro. Y para cerrar la noche como se merece, apareció RATA y lo puso todo patas arriba con una versión de Aquí estoy yo que fue una auténtica locura. Energía por todos lados, la sala completamente desatada y ese momento en el que miras alrededor y sabes que nadie quiere que se acabe. Fue el subidón definitivo, un final claramente insuperable.


Fotos: Stanza Musical - @Andrea Rocha


Salir de La Riviera esa noche fue como despertar de algo muy bonito que, sin embargo, sigue dentro. Porque lo que hace Hens en directo no se queda en el escenario: se te pega, se te queda, te acompaña. Es cercanía, es emoción sin filtro, es sentir que alguien está poniendo palabras a cosas que a veces ni sabes explicar.


Ojalá todo el mundo pueda vivir algo así al menos una vez. Ver a Hens en directo no es una opción: es una necesidad.

Gracias, Hens, por hacerlo tan real, tan humano, tan tuyo. Por recordarnos por qué la música sigue siendo uno de los lugares más honestos en los que estar.

Y gracias, de corazón, a Last Tour por hacerlo posible y por confiar, por abrir puertas y por permitirnos estar ahí para contarlo. Porque hay noches que no se olvidan… y esta, sin duda, es una de ellas.


Fotos: Stanza Musical - @Andrea Rocha

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