Crónica: “El latido de Kitai: una noche que abrazó al público y lo dejó temblando”
- Stanza Musical

- 10 dic 2025
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La pasada noche del 14 de noviembre, en la sala Movistar Arena de Madrid, y pese a ser una noche llena de mil eventos, no quisimos perdernos la oportunidad de estar disfrutando de Kitai.
Para nosotros es una banda que siempre da mucho de que hablar en sus conciertos, cañera, rompedora, al mas puro estilo del rock y que siempre sabe como sorprender. En definitiva estaba claro que ir a un concierto de Kitai es para pasarlo bien.
Así que queríamos vivir en primera fila la renovación de la banda. Una nueva etapa de Kitai que está marcada por un giro muy significativo: la incorporación de Kenya Saiz como vocalista y guitarrista. Este cambio no es simplemente cosmético, sino que aporta una nueva energía al grupo, sin renunciar a su esencia. Según ellos mismos, querían conservar su espíritu rockero, y lo que ofrecen es justo eso, pero con matices más frescos.
Justo esa nueva renovación se nota en Kenya que no solo canta, sino que contribuye a la puesta en escena con presencia e intensidad, lo que da un aire más versátil y dinámico al directo.
Fotos: Stanza Musical @photocrom
El concierto abrió con “Me puse a cantar yo”, un comienzo casi confesional que permitió a Kenya dominar la escena desde el primer minuto. Con un inicio calmado, la banda fue construyendo tensión hasta llegar a la explosión de “Pero sí, pero no”, donde la comunión con el público ya era absoluta.
El sonido en esta parte del concierto brilló especialmente: guitarras afiladas sin perder claridad, un bajo con presencia contundente y una batería que marcó un tempo agresivo pero muy controlado. Era evidente que la banda había trabajado este set para sonar más fuerte que nunca.
Tras ese arranque, llegó una de las sorpresas mejor recibidas: “El bar de siempre”, tema que funciona como una especie de puente emocional, más luminoso y accesible. Kenya, consciente del poder del directo, aprovechó para recorrer medio escenario, levantando al público con gestos sencillos pero efectivos.
Tampoco pudieron faltar temas como “Ya Está” , “Todo Me Da Igual” o “Zombie”.


Fotos: Stanza Musical @photocrom
Tuvimos la suerte de vivir en directo su nuevo tema “El dorado” , un tema que defendieron muy bien sobre el escenario y que gusto mucho a todos ya que habla de perseguir tus sueños y no rendirte pese a todo. Pero no tardamos en volver al sentir el fuego en nuestras venas con los primeros acordes de “Cocodrilo” y “De algo hay que morirse” los cuales nos volvieron ha hacer saltar sin parar.
Lo que no esperábamos era el momento en el que sonó la canción “Telaraña” y apareció Funzo en el escenario para cantarla con Kenya. La combinación funcionó sorprendentemente bien. La mezcla entre la voz rasgada de Kenya y la sensibilidad urbana de Funzo dio una dimensión distinta a la canción, convirtiéndola en uno de los momentos más celebrados del concierto. No fue un simple cameo, sino una verdadera reinterpretación.

Fotos: Stanza Musical @photocrom
Y cuando creíamos que la noche no podía sorprendernos más, Kenya baja del escenario y anima al publico a hacer un pogo, pero no uno común, si no uno especial, en esta ocasión solo de chicas. Un corro enorme se abrió entre la multitud y, durante el estribillo, decenas de chicas saltaron, se empujaron, rieron y gritaron con una energía que hizo temblar el suelo. Era una mezcla de reivindicación, diversión y comunidad.
Este momento se convirtió, sin duda, en el símbolo emocional del concierto.
Para el cierre, Kitai se guardó su carta más clara: “Lydia Bosh” y “Hasta que duela la noche”, tema que no solo da nombre a la gira, sino que define esta etapa: intensa, emocional y con un punto de vulnerabilidad.
El público la cantó de principio a fin. Fue el tipo de cierre que no solo remata un concierto, sino que deja abierta una conversación entre la banda y su audiencia.


Fotos: Stanza Musical @photocrom
Al salir de la sala, todavía con el eco de los últimos acordes resonando en el pecho, uno entiende por qué Kitai es una banda necesaria. No solo por la potencia de su directo, ni por la valentía de reinventarse sin miedo, ni por la honestidad con la que se entregan en cada canción. Kitai emociona porque es real. Porque no se esconde. Porque te mira a los ojos y te dice sin rodeos: “esto es lo que somos, y si te quedas, será hasta que duela la noche.”
En un momento donde lo superficial manda y lo inmediato lo ocupa todo, ellos siguen apostando por la música que se siente con el cuerpo, por los conciertos que se recuerdan, por las canciones que no solo se escuchan, sino que se viven. Cada pogo, cada grito, cada abrazo entre desconocidos durante un tema suyo, es la prueba de que el rock —cuando es honesto— sigue teniendo un lugar imprescindible.














