Cuando las luces se atenuaron y el reloj marcó las 21:00 , la Sala B de Madrid —acogedora y llena de expectación juvenil— guardó silencio absoluto: la noche prometía algo especial. Pedro Santos subió al escenario con una mezcla perfecta de nervio contenido y sonrisa confiada que ya habían visto miles en su gira europea, desde Londres hasta Madrid. La energía se sintió desde el primer acorde: un público joven, animado y emocionado se acurrucó alrededor del pequeño escenario