La noche del 22 de abril en el Fórum de la Evolución de Burgos dejó uno de esos recuerdos que, aun incompletos, se sienten profundamente plenos. El paso de Pablo López por la ciudad, dentro de su gira El niño del espacio, volvió a demostrar que hay artistas capaces de convertir un concierto en un refugio emocional. Desde los primeros acordes de El niño del espacio, el malagueño se adueñó del escenario con su habitual combinación de sensibilidad, cercanía y maestría al piano,